sábado, 14 de mayo de 2011

Villalba es serio y reservado.

Un país ingrato: Villalba Ninguno de los dos goza de una pensión. "En esa época no se usaba eso de cotizar para pensionarse", asegura Álvaro Villalba, de 80 años, oriundo de Espinal. No viven en la precariedad, pero nada les sobra. A duras penas, cada uno tiene vivienda propia. Ambos reciben regalías por las ventas de sus discos y por derechos de autor y de intérpretes. "No le cuento cuánto nos llega, para que no se ponga a llorar", cuenta Villalba. Y reniega de quienes han dicho que son millonarios cuando, según él, siempre les han pagado muy "regular". Villalba le pide una taza de café caliente a su esposa, que tiene una tienda de barrio en el garaje de su casa. Su salud se ha quebrantado con el paso del tiempo. Recientemente sufrió una isquemia cerebral que ya no le permite tocar la guitarra. Cuando se presentan, lo hacen acompañados de un guitarrista. "La mano me jode; mejor no toco para no meter las quimbas", dice. Su voz, como la de Silva, se mantiene igual de bella. -¿Qué ha sido lo bueno y lo malo de su carrera, maestro Villalba? -Lo bueno, la satisfacción de ver que Colombia no olvida nuestras canciones. Lo malo, la ingratitud de las disqueras, del Gobierno -comenta. El escritor Carlos Orlando Pardo, amigo personal de Silva, subraya la diferencia de personalidades entre ambos artistas, la misma que les hizo ganar fama de peleoneros. "Como en todo matrimonio, los dos no pueden ser alevosos, se necesita que uno sea más sereno para que funcione", anota. Silva es hablador y espontáneo; Villalba es serio y reservado. el tiempo

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